Quizás se podría decir que uno de los propósitos que me he marcado para este nuevo año, del que ya hemos vivido y disfrutado casi un mes entero, es el volver a retomar mi afición por la lectura. Desde que era muy pequeño en mi casa me inculcaron sabiamente que una de las mayores fuentes de conocimiento, más allá de las clases en la escuela, se encontraba en los libros. Lo cual junto con mi todavía inocente curiosidad y mi salud enfermiza, fueron la combinación perfecta para devorar cientos y cientos de novelas, tebeos, ensayos e incluso enciclopedias.
Una afición, muchas veces convertida en verdadera obsesión, que he ido dejando a un lado conforme han pasado los años y he ido cargando mi vida con responsabilidades ya de adulto. De hecho desde que dió comienzo mi vida laboral, hace ahora cuatro años, pocos han sido los libros que han pasado por mis manos, y la gran parte de los que he ido adquiriendo o me han regalado desde entonces, yacen todavía sobre la estantería, en el mismo lugar en el que se colocaron, bajo una fina y delgada capa de polvo.
Pero ayer, en un momento de lucidez, justo cuando me encaminaba hacia la puerta principal de nuestro ático, poco antes de salir con dirección al trabajo, me dije a mi mismo que ya era el momento de aprovechar bien esos lapsos de casi media hora de que dispongo entre metros y autobuses cada vez que tengo que ir y volver de la oficina.
Dicho y hecho, cogí casi sin pensar el libro Ella Y El Grial (2006) por Roberto Faure Sabater, quien además de ser un escritor con mucho talento e ingenio, del que seguro oiremos hablar en el futuro, resulta ser tío segundo mío, es decir primo de mi padre. Con varios diccionarios de nombres a sus espaldas, Ella Y El Grial (2006) fue su primera novela, la cual tuvo a bien presentar en el Fórum de la FNAC de Valencia, hace ya dos largos años, en donde pude hacerme con un ejemplar del libro, hoy descatalogado.
No podía encontrar forma más apropiada de retomar mis escarceos con la lectura que echando mano de este estupendo libro. Y es que, leídas las primeras cien páginas, la cosa pinta realmente bien. No se trata de una novela innovadora, ni tampoco abusa de un género definido, por mucho que verse sobre el Santo Grial. Pero son sin duda los aspectos del personaje principal, su marcado pesimismo, su ironía y también su condición de solitario, los que dotan a la trama de un cariz fresco y ciertamente dinámico.
Parece que he encontrado un nuevo compañero de viaje para las mañanas en el metro.
Libro | Ella Y El Grial (2006)