Conviene decir antes de nada, que éste ha sido el primer año que he estado siguiendo de cerca las evoluciones de la NFL. Una competición con escaso seguimiento en nuestro país y seguida con gran fervor en los USA, sobre todo cuando llegan los playoffs y la gran final, la Super Bowl. En su XLV edición se enfrentaban en el Dallas Cowboys Stadium dos de los grandes clásicos del fútbol americano, los Pittsburgh Steelers y los Green Bay Packers.
No pude evitar la tentación de quedarme hasta altas horas de la noche para disfrutar del enfrentamiento en directo, y la verdad es que debo reconocer que fue realmente emocionante. Los americanos son unos verdaderos maestros a la hora de celebrar acontecimientos de este calibre, convirtiendo cualquier evento deportivo en un espectaculo de magnitudes colosales. Por supuesto, una final de la NFL, una Super Bowl como la celebrada este año, es el plato fuerte de las cadenas de televisión y el mayor evento deportivo del año. Algo que las audiencias, de récord una vez más, se han encargado de demostrar.
En cuanto al enfrentamiento, creo que los Green Bay Packers fueron justos merecedores del anillo que los acredita como campeones. Los Packers supieron tener el partido controlado en todo momento, con un Aaron Rodgers brillante, manejando las jugadas con gran criterio e infinítamente mejor plantado en el campo que su rival Ben Roethlisberger, quizás el gran derrotado de la noche. Además, pronto dispusieron de una amplia ventaja en el marcador, con 3 touchdowns en la primera parte, dejando un marcador imposible de remontar para los Pittsburgh Steelers, lo que en llegó a deslucir un poco esta Super Bowl XLV.
No obstante, los propios Steelers tirando de defensa, y con arranque de rabia de su quarterback, pusieron algo de emoción al encuentro, anotando 2 touchdowns entre el segundo y el tercer cuarto. Pero la remontanda se vería truncada en el arranque del último cuarto, con un nuevo touchdown por parte de los Green Bay Packers, con el que sentenciarían el partido de forma definitiva, certificando así el primer anillo para Aaron Rodgers y los suyos, y el cuarto en la historia de la franquicia, una de las más laureadas en el fútbol americano. Una victoria final más que merecida para Green Bay Packers, tanto por el juego desplegado en la Super Bowl XLV, como por la entrega y superación demostrada en el tramo final de la temporada, donde se ganaron su pase a los playoffs en el último momento.
¿Y qué decir sobre el el Half Time Show?. Los californianos Black Eyed Peas dieron lo mejor de ellos mismos, con un medley compuesto por sus grandes éxitos, acompañados por colaboradores de lujo como Slash o Usher. La guinda perfecta a la que sin duda es la mayor fiesta del deporte profesional americano, la Super Bowl.





