He de reconocerlo, nunca me imaginé con una colección de vinilos en casa. Y es que a pesar de que siempre me he considerado un poco melómano, con una pasión a veces enfermiza por la música Rock, nunca pensé que el mundo de los vinilos pudiera llegar a atraparme con tanta intensidad. Bien es cierto que desde mi tierna adolescencia he ido acumulando una más que interesante colección de CDs y algunos cassettes, pues a mí la época del CD me pilló totalmente de pleno. Pero de ahí a pensar en tener un tocadiscos en casa, en el que hacer sonar LPs de Led Zeppelin, de Cream o de Rory Gallagher entre otros, me parecía algo totalmente inconcebible.
Y sí, lo puedo decir bien alto, he sucumbido ante un formato para verdaderos nostálgicos, para amantes de la música y de lo outsider, en un intento por recuperar los viejos valores perdidos en un mundo, el de la industria discográfica, que está siendo arrollado por Internet y las nuevas tecnologías a un ritmo vertiginoso. En ciertos aspectos reconforta comprobar como el vinilo ha sobrevivido estóicamente a la aparición del cassette, del mencionado compact disc, y ahora, más recientemente, de los mp3. Y dudo que desaparezca mientras hayan locos amantes de este mítico formato.
Porque sumado a la excelente calidad de las grabaciones, las enormes y relucientes portadas a todo color, tenemos el misticismo de ver rodar el disco de plástico negro sobre el tocadiscos, el sonido tan reconfortante de la aguja al pasar por los surcos, además de la impagable sensación de estar disfrutando de algo único e irrepetible. Una sensación verdaderamente especial e indescriptible.
¿Y vosotros también tenéis vuestra pequeña colección de vinilos?
Este post fue publicado el pasado 16 de noviembre del 2008 a las 22:09 en las categorías Música. Puedes seguir los comentarios de este post através del RSS. También puedes dejar aquí tu comentario, o hacer un trackback desde tu propio blog.



