Reflexiones

¿Hay algo más preciado que el tiempo?

Tiempo para poder dedicar un post diario a este blog. Tiempo para poder organizar mi colección de cds, vinilos y mp3s. Tiempo para disfrutar de una buena película acurrucado en el sofá con un bol de palomitas. Tiempo para llevar adelante un proyecto como TheNotDead. Tiempo para poder acabar de una vez mi carrera de Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Valencia. Tiempo para disfrutar de un viaje por el mundo. Tiempo para sacarme de una vez el carnet de conducir.

Mucho más tiempo para no tener la terrible sensación de que me falta el tiempo. Mucho más tiempo para no llegar a viejo, echar la vista atrás y pensar que estuve perdiendo el tiempo. Mucho más tiempo para poder dedicar a mi ya olvidada guitarra. Mucho tiempo para poder pasarlo junto a mi chica. Más tiempo aún para poder preparar tranquilamente la cena y no tener que acabar llamando a un restaurante chino. Tiempo para poder aprender otros idiomas, además del inglés.

La persistencia de la memoria (1931)

La persistencia de la memoria (1931)

Mucho más tiempo todavía para poder componer de nuevo una canción, grabarla y lanzarla de forma gratuita por Internet. Tiempo para poder fregar los platos, barrer el suelo y poner una lavadora. Tiempo para escuchar toda la música que he ido acumulando durante todos estos años. Tiempo para leer los libros que dormitan en mis estanterias. Tiempo para escribir una novela. Tiempo para soñar enternamente.

Tiempo para reir, llorar, sufrir, amar, para sentirse vivo. Tiempo para evitar a la muerte. Mucho tiempo más para poder tener una banda, ensayar, tocar en directo y quizás grabar un disco. Tiempo para poder vislumbrar el fin del mundo. Tiempo para poder ir a la Luna, a Marte, a Júpiter, a Saturno. Algo de tiempo para poder cambiar el mundo. Tiempo para poder perderlo, sin remordimientos.

Dadme el tiempo que necesito para disfrutar de esta vida etérea y finita, y me haréis feliz.

Tal y como están las cosas actualmente, cualquiera pude acceder a la página principal de WordPress o Blogger, registrarse de forma totalmente gratuita, hacer un par de modificaciones en las plantillas, en los diseños, escribir un par de entradas, y voilá, ya tiene un blog personal montado y totalmente a su disposición. Pero a la hora de la verdad lo que realmente resulta mucho más complejo y delicado es el mantenerlo, llevarlo adelante, escribiendo con cierta frecuencia, sin cejar en el empeño.

Y es que en ocasiones no basta con tener la intención, hay que saber sacrificarse, o al menos acostumbrarse. Quizás fuera por eso por lo que nunca me había terminado de decidir a dar el paso de crear un espacio como éste. Aunque la verdad, por constancia y por ganas no será. Hace años, unos cuantos ya, solía acostumbrar a escribir en un diario personal que rellenaba concienzudamente cada día. Una tarea que no resultaba nada fácil.

Pero un blog es otra cosa. Tener que actualizarlo, con un par de posts nuevos, aunque sean comentando lo largo que se ha hecho el día en la oficina, puede en ocasiones llegar a ser realmente tedioso. Enfrentarte cada día a una audiencia que podría contarse ya por miles de millones, pensando en que decir, en que contar, sobre que hablar. Si además, por si el miedo escénico fuera poco, lo que se pretende es que los contenidos generados sean de relativa calidad, cuidando al máximo el SEO y que tengan una intención divulgativa, la tarea ya se convierte en misión imposible.

Por suerte, mis intenciones, al menos hasta ahora, van a ser mucho más sencillas. Hasta tal punto que me han de permitir, por ejemplo, dedicarme hoy a reflexionar sobre la capacidad que puedo llegar a tener de mantener un ritmo constante y diario en la publicación de posts. Pero no, desde luego que no es buena señal que me planteé estas cosas cuando me enfrento al que va a ser el quinto post de este nuevo proyecto. El tiempo dirá, pero yo quiero verlo más como un recordatorio de que puede ser fácil llevarlo adelante, siempre y cuando uno se lo proponga.

Así pues aquí seguimos un día más, confirmando con hechos y no solo palabras mis buenas intenciones.

Se me hace verdaderamente difícil reconocer que hace mucho, pero que mucho tiempo, que no saco mi añorada guitarra de la funda que tan bien la protege. Algo que a día de hoy resulta realmente complejo de entender incluso para mi mismo. Sobre todo cuando han sido tantos y tantos los años en los que mi única motivación, mi único aliento fue el acariciar suavemente las cuerdas de aquella preciosidad que todavía conservo, como un testigo mudo de mi soledad.

Recuerdo hace ya más de diez años, cuando empece a hacer sonar mis primeros acordes, que ansiaba con todas mis fuerzas el aprender a tocar, el empezar a componer y el acabar algún día subido encima de un escenario mostrando al mundo mis canciones. Pero ahora… ahora todo aquello parece que forma parte del más absoluto olvido.

Ciertamente desde entonces he cambiado y mucho. Actualmente me muevo influido por otro tipo de motivaciones más reales y pausibles. Tengo un trabajo al que le dedico gran parte de las horas de vida. Me he independizado con todas las responsabilidades diarias que ello conlleva. Y por si fuera poco la pasión por escribir, por relatar con palabras lo que son mis pensamientos ha estado siempre presente, desde mucho antes de que me decidiera por darle con entusiasmo a las seis cuerdas.

Aún así, mis obligaciones diarias no me impiden todavía poder mirar hacia atrás con nostalgia, retrocediendo en el tiempo hasta los días en los que estaba lleno todavía de cientos de sueños adolescentes, que no imposibles, como el llegar a ser un verdadero Rock Star.

Pero en el fondo, aunque me haya esforzado por olvidar y enterrar mis días de conciertos, de escenarios pequeños, de salas oscuras llenas de miradas curiosas y atentas, del trasiego de amplificadores arriba y abajo, del nerviosismo antes de salir a tocar mis canciones, todavía queda algo de todo aquello que me persigue, que me susurra al oído, que me recuerda que un día estuvo ahí, realmente presente en mi vida…

… mi preciada guitarra.