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Nov 29

Sirvan estas nuevas líneas a modo de reflexión previa. Si bien había tenido noticias sobre el lanzamiento de Diez Años Y Una Zanahoria (2008), ya que por cuestiones del Webzine estamos suscritos a la lista de correo de Standstill, y a pesar de ser uno de los pocos nostálgicos que todavía se acerca hasta un FNAC días después de la salida de un disco como VivaLaGuerra (2006) simplemente para comprarlo, reconozco que tras ver el documental he podido disfrutar algo más que antes de su música y de sus trabajos, los cuales estaban ya cogiendo algo de polvo en las estanterías.

Y sí, lo digo bien alto, dos años después he podido redescubrir un poco más su álbum VivaLaGuerra (2006), el cual me costó mucho digerir en su momento, quizás porque en lo personal buscaba y esperaba algo más lleno de energía y rabia que un largo paseo cargado de intensas emociones contenidas. Ahora viéndolo desde otra perspectiva me doy cuenta, aún más si cabe, de lo complicado que es llegar a cautivar a los oyentes incluso teniendo bajo el brazo un puñado de buenos temas, una más que trabajada trayectoria a las espaldas y sobre todo un nombre ya hecho.

Precisamente todo eso es lo que me hizo que acabará dejando de lado el mundo de la música, mi guitarra acústica, mis canciones, todo ello cerrado bajo llave con la absurda esperanza de que nunca pueda arrepentirme y echarlo de menos. Al final claro, toda esa pasión mutó en este Webzine, con el que poder seguir vinculado de algún modo al mundo de la música. Pero no me extenderé más en cosas personales que no vienen al caso, ¿o sí?.

Volviendo a Standstill, y volviendo a las reflexiones del blog, mientras escucho de fondo VivaLaGuerra (2006) y rememoro las imágenes de Diez Años Y Una Zanahoria (2008), me doy perfecta cuenta de lo que significa evolucionar, buscar una identidad, una esencia en el mundo de la música, eso si es que todavía no lo había podido sentir ya en mis propias carnes. Pero ya se sabe que no hay nada como ver las cosas desde la comodidad de un sofá para sacar nuevas conclusiones a lo que ya se ha vivido con anterioridad.

Me quedé realmente sorprendido al ver las primeras escenas del documental, con los chicos dando sus primeros pasos. Unos inicios demasiado familiares para mi y para mi ego de músico ya a la sombra. Los primeros Standstill parecían destilar un sonido Post Grunge que me recordaba, y quizás sea hilar muy fino tras ver unas breves imágenes, a un trío como Silverchair, una de esas bandas que precisamente también ha perseguido con fuerza el descubrir su propia identidad.

Pero más sorprendente resulta aún su mutación hacia el Hardcore más extremo y crudo, en un tiempo en el que o estabas muy metido en el mundillo o estas corrientes te pasaban de largo, y lo digo con conocimiento de causa. Un subgénero y una escena que resulta bastante agradecida, ya se sabe, pequeñas audiencias, gente totalmente entregada, muy implicada con la música venga de donde venga. Pero para un grupo con grandes expectativas e inquietudes como Standstill supongo que el mundo del Hardcore pronto se les quedaría pequeño.

De hecho cuando los conocí y empecé a escuchar, ya se hablaba de ellos como de los pioneros del Emocore en nuestro país. Es el poder de la prensa musical acostumbrada a etiquetar, ensalzar, elevar, hundir y castigar sin remordimientos a todo lo que se cruce por delante. Pero Standstill siempre han tenido una buena acogida por parte de los medios, y de ahí que se llegaran a realizar afirmaciones semejantes, las cuales ni discuto ni tampoco suscribo. Y es que soy más de etiquetar para ubicar en un espacio temporal que para definir un estilo o un sonido en concreto.

Porque luego pasa lo que pasa, que una banda no para de evolucionar y o los que les siguen tienen las ideas muy claras, o te acabas creyendo que al final te han acabado por traicionar abandonado el sonido que a tí personalmente más te gustaba. Los cambios bruscos experimentados por las bandas nunca son bien recibidos por todos, y si algo han tenido Standstill han sido infinidad de giros, de mutaciones y de vueltas de tuerca hacia la consecución de una identidad propia. Algo que creo que es vital para el buen funcionamiento de una banda.

Así Standstill llegan, evolucionan, mutan hasta alcanzar el sonido de VivaLaGuerra (2006), a golpe de cambio, de esfuerzo, de lucha. O al menos, insisto en esto, es como ellos nos lo muestran y nos lo cuentan en su documental Diez Años Y Una Zanahoria (2008). Y a mi no me queda otra ahora que quitarme el sombrero y descubrirme ante su esfuerzo, su empeño y su infatigable perseverancia. Independientemente de los gustos de cada uno, de las preferencias, de las erróneas primeras impresiones, de las segundas escuchas, Standstill siempre han perseguido su sueño y quizás su propia inconformidad les haga creer que todavía no lo han alcanzado.

Como bien supo remarcarme TheBane, resulta curioso como todos los que habían abandonado poco a poco el barco de Standstill, y cuya presencia e impresiones también quedan elegantemente plasmadas en el documental, todos coincidían en lo importante que había sido la experiencia, el camino, lo vivido con la banda. Algo que no eres capaz de ver, de disfrutar, de entender cuando estas viviendo la música continuamente, en tu día a día y además en primera persona.

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Nov 22

Cuando oi las primeras noticias de que Standstill iban a publicar un DVD documental de su trayectoria, jamás me llegué a imaginar que es lo que nos podríamos encontrar en Diez Años Y Una Zanahoria (2008).

Si bien es cierto que en sus ya más de diez años en el music business Standstill han tocado todos los palos habidos y por haber, lo que ya resulta más sorprendente es ver como, a pesar de la buena prensa, de la innegable calidad de sus trabajos, la banda ha tenido que pasar por numerosos puntos de inflexión y excesivas penurias, para alcanzar un estatus que, a mi juicio, sigue siendo demasiado pequeño para ellos, si se equipara con su enorme talento.

No es éste país para gente que basa su música y sus vivencias en el Do It Yourself, ni tampoco para los pioneros en las últimas tendencias como el Hardcore, ni para los que fusionan las artes escénicas con la música, ni para los que siguen con su vista puesta en el mañana. Ya se sabe además que cuando uno no es profeta en su propia tierra, resulta difícil serlo fuera, por mucho que te dediques a patearte media Europa. Un esfuerzo titánico que no siempre se ve justamente recompensado.

Personalmente el nombre de Standstill llegó por primera vez a mis oídos allá por el verano del 2002, coincidiendo con la publicación de su Memories Collector (2002), uno de sus trabajos más aclamados junto con The Ionic Spell (2001). El sello BCore estaba en boca de todos, la banda estrella eran sin duda Standstill, los medios se rendían a sus pies y todo hacía presagiar un futuro realmente prometedor, tanto para ellos como para la escena de la que provenían.

Tuve la suerte de asistir a su actuación en el FestiMad 2003, y la verdad es que dieron un buen show, con mucha clase e intensidad, eso sí algo menor que a la que nos habían mal acostumbrado en el pasado. Todo ello mientras la banda, sin yo tener plena consciencia de ello, coqueteaba en Sicilia con el teatro más extremo y radical, aislándose del mundo, de las dificultades para sobrevivir cuando te intentas dedicar a la música de forma profesional.

Sobre el escenario de aquella edición, Standstill parecían una banda que generaba interés, quizás con un relativo éxito entre manos, con las ideas claras, con todo el futuro por delante… Pero visto lo visto en el documental, todo parece que para ellos fue diametralmente opuesto. Sorprende, y mucho que sea así. Quizás es esa la imagen que también quieren ofrecer o es la que más les ha marcado, la que realmente más ha pesado y han arrastrado a lo largo de su trayectoria.

Diez Años Y Una Zanahoria (2008) refleja pues todo ese devenir, el más oscuro y desconocido, del que no han hablado los medios, el que se han tenido que comer ellos solos, sin nadie que les respalde o les consuele, dejándose amigos y compañeros de fatigas por el camino hasta desembocar en su último VivaLaGuerra (2006), cuya espectacular gira ha fusionado por fin esas inquietudes mostradas por la banda a lo largo de los años.

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