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Dic 29
Jerry Cantrell, Angel Eyes y la esencia de un sonido

Para los que no lo sepan, mi nick TheDrawback, viene de lejos. En concreto fue el nombre que elegí para mi primer proyecto en solitario en el mundo de la música, Drawback, o lo que viene a ser lo mismo Inconveniente.

Los Mtv Unplugged de mitos como Pearl Jam, Nirvana o Alice In Chains, fueron sin duda el mejor exponente de un sonido con el que me involucre de una forma intensa. Mis necesidades vitales me llevaron a crear mi propio personaje, con el que dar rienda suelta a mis inquietudes musicales. Unas inquietudes nacidas bajo el amparo del sonido Grunge más acústico, desgarrador e intimista, pero también de los pocos elegidos que supieron continuar su legado. Bandas que pasaron a engrosar el denominado movimiento Post Grunge.

Hoy, varios años después de mis últimas actuaciones, y tras dejar la guitarra a un lado, suena Angel Eyes en mi reproductor de mp3, un tema de Jerry Cantrell, incluido en su segundo álbum en solitario Degradation Trip (2002). No puedo evitar esbozar una sonrisa al escucharlo. Ahí está de nuevo, el sonido, la esencia, el sentimiento, la necesidad, todo lo que me llevo un buen día a empezar a componer y a rasgar mi guitarra acústica.

Vuelven de nuevo a flocrecer las viejas sensaciones que pensé que había guardado por siempre en un cajón bajo llave. Todo ello por culpa de ese sonido tan definido, tan bien interpretado en su vertiente acústica por bandas como Nirvana, Alice In Chains, Days Of The New, Godsmack y que, por supuesto, tan bien ha sabido reflejar el propio Jerry Cantrell en sus dos trabajos.

Pinceladas de intimismo, de emoción, de sentimientos, de melancolía, de esperanza, todo ello con la simplicidad de una voz y una guitarra acústica, con los adornos del bajo y la batería, con la consciencia de lo realmente esencial. Jerry Cantrell y su Angel Eyes me han hecho sentir de nuevo la necesidad de hacer música.

Banda | Jerry Cantrell

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Oct 18

Se me hace verdaderamente difícil reconocer que hace mucho, pero que mucho tiempo, que no saco mi añorada guitarra de la funda que tan bien la protege. Algo que a día de hoy resulta realmente complejo de entender incluso para mi mismo. Sobre todo cuando han sido tantos y tantos los años en los que mi única motivación, mi único aliento fue el acariciar suavemente las cuerdas de aquella preciosidad que todavía conservo, como un testigo mudo de mi soledad.

Recuerdo hace ya más de diez años, cuando empece a hacer sonar mis primeros acordes, que ansiaba con todas mis fuerzas el aprender a tocar, el empezar a componer y el acabar algún día subido encima de un escenario mostrando al mundo mis canciones. Pero ahora… ahora todo aquello parece que forma parte del más absoluto olvido.

Ciertamente desde entonces he cambiado y mucho. Actualmente me muevo influido por otro tipo de motivaciones más reales y pausibles. Tengo un trabajo al que le dedico gran parte de las horas de vida. Me he independizado con todas las responsabilidades diarias que ello conlleva. Y por si fuera poco la pasión por escribir, por relatar con palabras lo que son mis pensamientos ha estado siempre presente, desde mucho antes de que me decidiera por darle con entusiasmo a las seis cuerdas.

Aún así, mis obligaciones diarias no me impiden todavía poder mirar hacia atrás con nostalgia, retrocediendo en el tiempo hasta los días en los que estaba lleno todavía de cientos de sueños adolescentes, que no imposibles, como el llegar a ser un verdadero Rock Star.

Pero en el fondo, aunque me haya esforzado por olvidar y enterrar mis días de conciertos, de escenarios pequeños, de salas oscuras llenas de miradas curiosas y atentas, del trasiego de amplificadores arriba y abajo, del nerviosismo antes de salir a tocar mis canciones, todavía queda algo de todo aquello que me persigue, que me susurra al oído, que me recuerda que un día estuvo ahí, realmente presente en mi vida…

… mi preciada guitarra.

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