Parafraseando a Héroes del Silencio, puedo decir que llevo varios días sumido en brazos de la fiebre. Recuerdo haber estado cerca de dos años sin estar enfermo, lo cual resulta sorprendente para alguien como yo, acostumbrado a padecer de anginas al menos cuatro o cinco veces por año. Se podría decir que desde la última vez, en la que pasé un par de días en cama, he logrado esquivar con cierta fortuna cualquier resfriado o gripe. Pero esta vez he caído, sin poder remediarlo, sin tiempo para reaccionar.
Odio, como supongo que le pasará a muchos, caer enfermo. Más todavía si tan inoportuna circunstancia se da durante el invierno. Pero independientemente de la estación del año, no hay para mi una sensación peor que la que provoca la nefasta conjunción de fiebre e inflamación de garganta. Resulta francamente insoportable. Sobre todo cuando uno se pasa prácticamente todo el tiempo tosiendo. Un ya de por si incómodo gesto, con el cual tan sólo podemos conseguir incrementar el fatal e inevitable dolor de cabeza. Realmente insufrible.
El sólo hecho de estar sumido en ese estado febril, a medio camino entre el mundo real y el de las alucinaciones, hace que uno vaya deambulando por la calle como si fuera un zombie, con la única esperanza de llegar a casa para ser absorvido por la cama o el sofá. Además, cuando la fiebre hace acto de presencia, subiendo nuestro calor corporal entorno a un par de grados, todo parece cobrar una nueva dimensión.
Con los brazos de la fiebre que aún abarcan mi frente
lo he pensado mejor y desataré las serpientes de la vanidad.El paraíso es escuchar, el miedo es un ladrón
al que no guardo rencor y el dolor es un ensayo de la muerte.- Heróes Del Silencio, En Brazos De La Fiebre.
La televisión por ejemplo se torna aún más hipnótica de lo que ya de por si puede llegar a ser. En realidad todavía somos conscientes de lo poco adecuado que resulta recurrir a la caja tonta para sobrellevar las horas de delirios y sudores fríos que todavía nos quedan por delante, pero no podemos evitar mirar fijamente a ese aparato infernal, haciendo zapping de una forma insana, como si nos fuera la vida en ello.
Aunque quizás lo que en el fondo todos pretendemos conseguir al mantenernos frente al televisor, el ordenador o afrontando otros quehaceres cotidianos en tan deplorable estado, es evitar esa lucha enfermiza y en ocasiones insana que se produce en el interior de nuestro cerebro cuando nos dejamos atrapar por los brazos de la fiebre.
Porque es justo entonces cuando nos volvemos más conscientes de nuestras debilidades, nuestras vulnerabiliades, la frágilidad de nuestra existencia en este complejo mecanismo que algunos llaman universo. Nos sumimos en una verdadera batalla por conservar nuestra propia cordura, por desterrar las alucinaciones febriles, los delirios y las pesadillas tremebundas.
Sinceramente, odio ponerme enfermo!!



