Cuatro partidos entre Real Madrid y FC Barcelona de forma casi consecutiva, es a priori la mayor satisfacción que un seguidor del que llaman el deporte rey puede tener. Para aquellos a los que nos gusta el fútbol, y el deporte en general, gozar con estos cuatro enfrentamientos directos, con tantos títulos por disputarse entre ambos, supone un acontecimiento realmente irrepetible. Es por ello por lo que el primer encuentro entre Real Madrid y FC Barcelona, decisivo para la resolución de la Liga BBVA, centrara todas las miradas de medio mundo poco antes de que la pelota echara a rodar.
No obstante este primer partido, a los ojos del aficionado medio, seguramente acabó siendo de lo más descafeinado que se ha visto en mucho tiempo, sobre todo en el Santiago Bernabéu, campo poco acostumbrado a ver un equipo encerrado atrás a la espera de generar ocasiones de gol al contragolpe, algo que nunca llegó. El planteamiento de Mourinho fue ultradefensivo, ubicando al portugués Pepe de mediocentro, con la misión de llevarse por delante todo lo que pasara por el círculo central, fuera balón o jugador. Sólo así consiguió neutralizar en parte el juego de toque del FC Barcelona, llevando el encuentro a poco más que un corre que te pillo de patio de colegio.
Pero la realidad, al margen del buen o mal juego de ambos equipos, encierra un duelo táctico y una serie de lecturas muy interesantes, sobre todo cuando uno profundiza en tácticas y esquemas. El Real Madrid, o mejor dicho en este caso Mourinho, planteó una batalla excepcional en el medio de campo, montando una red defensiva que fue capaz de anular el juego del FC Barcelona, superior en el dominio y la posesión de la pelota, pero incapaz de encontrar acciones de ataque con claridad. Cierto es que el Barça tuvo sus ocasiones, sobre todo en las botas de Messi, pero en la primera parte se vió desbordado por la presión y la gran defensa del Real Madrid.
Poco o nada varió la situación al comienzo de la segunda parte, y todo se acabó desnivelando finalmente a raíz del penalti de Villa y la consiguiente expulsión del Albiol, merecida por otra parte. Aún así, con un jugador menos el Madrid supo mantener a raya al Barça, aunque bien es cierto que el equipo de Guardiola volvió a bajar la guardia antes de tiempo, valga la licencia del juego de palabras. No es la primera vez que, o bien por reservar fuerzas o bien por sentirse superiores, los azulgrana optan por aguantar el balón y bajar los brazos, con consecuencias impredecibles. Ya sucedió algo similar en la visita al Arsenal FC en Champions League y en el Bernabéu les ocurrió exactamente lo mismo.
Así, un Madrid con diez jugadores y varios cambios ofensivos, impresionante la importancia de un jugador como Özil para mover el balón con criterio, logró sorprender al Barça en otra jugada cargada polémica. Visto con la distancia que proporciona la imparcialidad creo que ni tan siquiera existió el penalti de Alvés a Marcelo, pero lo que si parece claro es que una vez señalado por el árbrito, éste debió mostrar la segunda tarjeta para el lateral brasileño del Barça y por lo tanto su expulsión del partido. No obstante, si nos ponemos quisquillosos yo todavía me pregunto como puede ser que un jugador como Pepe, con todas las entradas duras y a destiempo que realizó, pudo acabar tranquilamente el partido sin ver ni una sola tarjeta amarilla. Misterios de los árbritos y la presión a la que están sometidos.
Al final, un empate con sabor agridulce, tanto para los seguidores del Madrid como para los del Barça. Una batalla táctica que deslució sobremanera el juego estético del Barça y también el ataque letal del Madrid. Un preludio ciertamente decepcionante para el que es el primero de los enfrentamientos de una lucha a priori tan importante, con tres títulos en juego, entre dos de los mejores clubs de fútbol de la historia. Próxima parada la final de la Copa del Rey en Mestalla.
¿Qué os pareció el primer clásico entre Real Madrid y FC Barcelona?.






