Cuando el ordenador se convierte en nuestra principal herramienta de trabajo una de las primeras limitaciones con la que nos encontramos es el uso de un único monitor.
Una limitación que se vuelve realmente crítica si, como es mi caso, nos dedicamos al diseño gráfico y la creación de páginas web, ámbitos en donde se mezclan la edición de código HTML y CSS, con el tratamiento de imágenes.
La implantación de un segundo monitor se convierte en una solución realmente óptima, y hasta cierto punto necesaria, siendo además uno de los factores más determinantes y decisivos a la hora de mejorar la productividad en el trabajo.
Al principio, como en cada ocasión que se afronta un cambio, se necesita de un cierto periodo de adaptación. La elección adecuada de un programa para gestionar los dos escritorios de los que ahora dispondremos se convierte además en un factor realmente determinante.
No obstante ya desde el primer momento podemos comprobar las ventajas y virtudes de tener dos pantallas totalmente habilitadas para nuestro trabajo diario. En mi caso en concreto suelo utilizar uno de los dos monitores para la edición de código, el email y todas aquellas tareas en las que la presencia de textos es un punto común.
Por otro lado, el segundo monitor lo uso principalmente para todo aquello relacionado con el aspecto gráfico, como por ejemplo la edición de imagenes, la visualización de las páginas web que estoy editando o la creación de proyectos en FLASH.
En esencia la utilización de dos pantallas me permite dividir con exactitud aquellas tareas que se componen de dos partes claramente diferenciadas. Por ejemplo, mientras edito los CSS de un proyecto web en un monitor puedo observar con relativa rápidez los cambios que estoy efectuando en un navegador web ubicado en la otra pantalla, mejorando así ostensiblemente mi productividad en el día a día.



